Maíz nativo en Peto mejora con ciencia y saber comunitario

Mérida, Yucatán, a 29 de septiembre de 2026.- El maíz nativo en Peto es parte de un proyecto que combina el conocimiento de productores con herramientas de investigación científica para mejorar la producción en las comisarías de San Dionisio y Dzonotchel, donde participan 17 personas con cuatro variedades nativas.

Con respaldo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), el proyecto “Transferencia tecnológica para mejorar la producción de maíz nativo (Zea mays L.) ‘Naal Xoy’ en sistema milpa” está a cargo del docente de la Universidad Tecnológica del Mayab Efraín Castillo López.

La iniciativa busca elevar el rendimiento de la milpa y disponer de una mayor cantidad de grano para el autoconsumo mediante la combinación de prácticas tradicionales, productos biorracionales para el control de plagas y bioinsumos enriquecidos con minerales para la fertilización.

El sistema milpa combina diferentes cultivos

Efraín Castillo López explicó que la milpa funciona como un policultivo en el que conviven maíz, frijol o ibes, calabaza y raíces como yuca o camote.

Estas especies pueden complementarse entre sí. Las leguminosas aportan nitrógeno al suelo, mientras que otras plantas proporcionan sombra y cobertura vegetal que ayudan a conservar sus condiciones.

Uno de los principales retos del proyecto es elevar el rendimiento del maíz de temporal, que se ubica alrededor de 800 kilogramos por hectárea.

El consumo anual de una familia de cinco integrantes, considerando también las necesidades de animales y aves del solar, puede superar una tonelada. Por ello, mejorar la productividad resulta relevante para el abasto familiar.

Productores trabajan con cuatro variedades nativas

El proyecto trabaja con las variedades nativas Ts’íit bakal, Naal Xoy, Nal t’eel y Eh hu, cuya siembra ha disminuido con el paso del tiempo.

Los productores participan directamente en talleres, actividades de fertilización, elaboración de insumos, instalación de trampas para monitorear el gusano cogollero y seguimiento del cultivo durante todo el proceso productivo.

“En este proyecto, los productores son el agente central. Se involucran desde los talleres participativos y en las prácticas que estamos desarrollando: la fertilización, la elaboración de insumos y la elaboración de trampas para el monitoreo del gusano cogollero. También participan en el monitoreo y están activos durante todo el proceso productivo del cultivo”, indicó Castillo López.

Productores modifican prácticas de la milpa

Simón Carvajal Bolio, productor de San Dionisio, reconoció que el acompañamiento ya modificó algunas prácticas, entre ellas el manejo de fertilizantes orgánicos, la distribución de los cultivos y la conservación de la cobertura vegetal para mantener la humedad del suelo.

El productor señaló que anteriormente recurrían a la quema, una práctica que ahora dejaron de realizar debido a los beneficios de conservar la cobertura vegetal.

“Antes estábamos acostumbrados a quemar; ahora ya no lo hacemos, porque, como dice el maestro, dejar la cobertura vegetal conserva la humedad. Eso nos beneficia mucho. Nuestros antepasados juntaban la caña y la quemaban; en esa parte el proyecto nos está ayudando”, relató.

Ciencia y conocimiento comunitario se complementan

Castillo López explicó que el aprendizaje ocurre en ambos sentidos. La experiencia de la comunidad permite identificar problemas y determinar qué tecnologías pueden ser útiles, mientras que la investigación aporta herramientas para medir resultados, comparar alternativas y mejorar las prácticas.

Actualmente participan 17 productores y existe interés en incorporar a otros 25 integrantes de Sembrando Vida.

El docente destacó la colaboración entre la Secihti, la Universidad y los productores, así como la intención de involucrar a las nuevas generaciones en las actividades de la milpa.

“Considero que esta sinergia entre la Secihti, la Universidad y los productores forma un triángulo de gran importancia para lograr los resultados esperados de cualquier proyecto. Buscamos que el proyecto sirva para involucrar a las nuevas generaciones en las actividades de la milpa, ya que es un sistema de producción viable que nos permite obtener nuestros propios alimentos para el consumo anual”, finalizó Castillo López.

Proyecto forma parte de un programa de la Secihti

La iniciativa forma parte de los 28 proyectos respaldados por la Secihti mediante el Programa para el Fortalecimiento al Conocimiento Científico, Tecnológico e Innovación, “Investigadoras e Investigadores por Yucatán”.

El programa brinda apoyo económico y acompañamiento especializado a universidades y tecnológicos para desarrollar soluciones vinculadas con las necesidades de las comunidades.

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